Jordi Reig

Jordi Reig

Seguramente porque la música tradicional despierta en nosotros -quizás, es una especulación- pulsiones que no sabíamos que llevábamos incorporadas en el ADN y que, al escuchar estas canciones, afloran.

La música tradicional, y en general la música popular, incide en nosotros de diversas maneras, creo yo. Hay una primera cuestión: dicen que somos lo que comemos, vale, también podría decirse que somos lo que escuchamos, lo que leemos, las películas que vemos ... somos todas estas cosas, y la música es una de ellas. La música nos construye, nos da identidad, además nos da identidad y nos da no identidad, somos esto y no somos esa otra cosa, y además, nos da identidad individual e identidad colectiva, y no identidad individual y no identidad colectiva en el sentido de que estamos de acuerdo con otras personas a las que les interesan las mismas cosas. Esto de entrada.

También a veces la música popular habla por nosotros, dice por nosotros lo que nos da cierta rubor de decir. Esto pasa sobre todo no en la música tradicional, sino en la música popular más moderna. Explica por nosotros cosas que no le diríamos, por ejemplo, a la novia que amamos.

Después, la música incide en otra cuestión, la cuestión del tiempo. El medio natural de la música es el tiempo: si no pasa el tiempo no hay música. Por tanto, es obvia la capacidad que tiene la música de llevarnos recuerdos, la capacidad de evocación que tiene, pero también hay otra cosa. Yo estoy seguro que la gente que está en las discotecas y realmente disfruta de esa música, para ellos el presente, el tiempo presente es lo que se escucha cuando se está escuchando la música: el tiempo vital es el que marca la canción, no el tiempo real que hay fuera de la discoteca. Y seguramente por la suma de estas tres circunstancias, la música, yo creo que incide en nuestro sentimiento de posesión. La música es algo que poseemos, sólo tenemos que ver las reacciones en contra de alguien que diga que no le gusta la música que a ti sí te gusta.

Por tanto, todos los materiales que vengan para afianzar estas cualidades de la música, de entrada son buenos. Pero, además, si se hacen con todo el conocimiento de causa y toda la dedicación con la que trabaja mi «primo» David, pues mejor que mejor.

Jordi Reig

David Reig Delhom

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1’80 de altura; calzo un 44; camiseta talla XL; unos 85 kgs. En función de la temporada; llevo gafas y el pelo largo. Además doy clases de música en secundaria desde hace 24 años, los últimos 19 en el IES Sanchis Guarner de Silla (València), donde dirijo un coro; participamos en el proyecto Com Sona l’ESO y muchas más actividades que realizamos desde el instituto; también soy socio de AULODIA, la asociación de profesores de música de primaria y secundaria de València; y estoy empeñado en difundir nuestra música tradicional porque creo, como muchas otras personas, que disponemos de un patrimonio musical y cultural inmenso, grandioso, colosal, extraordinario y casi infinito tanto en calidad como en cantidad. Por eso se me ocurrió la realización del proyecto Canta, toca i balla.

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