Carles Dènia

Carles Dènia

Yo creo que se hace música tradicional hoy como una especie de contracultura. Estamos en un mundo que por primera vez la funcionalidad de la música tradicional ha desaparecido y, además por primera vez en la historia de la humanidad yo creo que el hombre ha dejado de cantar, algo muy triste, pero bueno, esto tiene una contrapartida que es una contracultura que se crea, que resiste a esa realidad.

Yo creo que esa es la razón básica de por qué ahora hay una nueva hornada de gente que se dedica a esto y un interés renovado en todo esto. Básicamente la desaparición de esa funcionalidad y la desaparición de todas esas canciones, de toda esa tradición oral que ya creo que irremediablemente está, aunque sea duro decirlo, está muerta, porque al desaparecer la funcionalidad desaparece el sentido de esas cosas, pero como te digo, esa inquietud de las personas por mantener de una manera u otra esa música tradicional pues hace que se cree una contracultura que apoye toda esta música.

Bueno, creo que estos trabajos son importantes en el sentido de que es una manera, una posibilidad de poder difundir esta música que como he dicho, ha perdido su funcionalidad, pero siempre hay esa cosa romántica de decir a lo mejor algún día tenemos la oportunidad de recuperar ciertas formas de vida, que para algunos será una involución, pero para mí sería un especie de revolución el volver a tomar unas costumbres perdidas.

Entonces yo pienso que es una buena manera de difundir y conservar unas melodías, unas canciones que están condenadas, en principio, al olvido. Este tipo de trabajos son importantes en ese sentido a la hora de que gente, alumnos de escuelas, niños y grandes puedan aprender y continuar transmitiendo las de alguna manera, y esta es una buena herramienta para poder continuar esa tarea.

Pienso que hacer estas canciones en el flabiol es una manera que en un instrumento accesible a todos pues poder hacer unas canciones tradicionales con un instrumento tradicional, que la dulzaina es algo más dura físicamente de tocar de embocadura, de presión, o sea que es una manera bastante coherente de hacer estas canciones.

Carles Dénia

David Reig Delhom

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1’80 de altura; calzo un 44; camiseta talla XL; unos 85 kgs. En función de la temporada; llevo gafas y el pelo largo. Además doy clases de música en secundaria desde hace 24 años, los últimos 19 en el IES Sanchis Guarner de Silla (València), donde dirijo un coro; participamos en el proyecto Com Sona l’ESO y muchas más actividades que realizamos desde el instituto; también soy socio de AULODIA, la asociación de profesores de música de primaria y secundaria de València; y estoy empeñado en difundir nuestra música tradicional porque creo, como muchas otras personas, que disponemos de un patrimonio musical y cultural inmenso, grandioso, colosal, extraordinario y casi infinito tanto en calidad como en cantidad. Por eso se me ocurrió la realización del proyecto Canta, toca i balla.

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